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Como escritor, es evidente que la lectura me encanta, pero no es lo único que me gusta, claro está; desde pequeño, el séptimo arte siempre ha ejercido una fuerte atracción para mí y, si bien no puedo presumir de mi excesivo gusto por las películas «de arte y ensayo» (algunas hay que me gustan, todo hay que decirlo), sí puedo decir que he visto un buen puñado de películas y de series a lo largo de la vida.
También he tenido la suerte, hace tiempo, de poder asistir a diversos festivales tanto de largometrajes como de cortometrajes, y a algún que otro preestreno. Me encantan estas cosas, lo admito, aunque nunca me había planteado formar parte activa en ese mundo. Y entonces resulta que va el novelista Juan de Dios Garduño y organiza un crowdfunding con el fin de recaudar fondos para el rodaje de su primer cortometraje como director. No, no fui el primero que dije «¡Voy a apoyarle!». Eso tengo que admitirlo. Eso sí, cuando me decidí a hacerlo, me interesó integrarme en el proyecto todo lo posible.
Así es como llegué a ser coproductor del corto Fe. Un corto que, en su mismo estreno, ya ha conseguido llevarse el premio del público durante su emisión en el festival Cortopatía, celebrado el 27 de enero en los cines Dreams Palacio de Hielo de Madrid.
¿Qué tiene de especial Fe? ¿Por qué meterme en un proyecto del que podía ser simple espectador? La respuesta es fácil: me gusta apostar sobre seguro. Garduño consiguió un equipo técnico y artístico que, sumado al guion que él mismo había escrito, auguraba un futuro brillante para el proyecto. Como poco, estoy convencido de que participará en más de un festival, y eso supone para mí el poder asistir a ellos y (algo hasta ahora impensable para mí) formar parte del equipo. Una parte pequeña, minúscula quizá; prescindible, sin duda, sobre todo teniendo en cuenta el talento y el esfuerzo de todos los integrantes del cortometraje. Pero, a fin de cuentas, parte de esta ilusión compartida.
Este texto no es más que una reflexión y un agradecimiento. Un pensamiento que quería dejar plasmado para que no desaparezca, como un bonito sueño tras el despertar. Aún no ha llegado ese despertar, en cualquier caso: el sueño acaba de empezar.
Si seguís estas dos series que digo (una de ellas emitida en España a través de Netflix y la otra por HBO, por cierto), seguro que os sonará el personaje de Vandal Savage: un inmortal cuya búsqueda de poder es el detonante por el que Rip Hunter, un Amo del Tiempo, decide reunir un peculiar equipo y viajar con ellos a otras épocas con la intención de acabar con Savage antes de que este conquiste el mundo.
Como digo, en ese Brasil futuro está instalada la pobreza por doquier. Sin embargo, hay una manera de huir de esa vida de privaciones y llegar a una especie de “tierra prometida”; un lugar creado por la Pareja Fundadora donde no existe el hambre, la pobreza ni la violencia. Donde la medicina ha alcanzado cotas tan altas que es posible revertir casi cualquier clase de dolencia. Llegar ahí no es tarea fácil, claro, y eso lo veremos cuando sigamos los pasos de los veinteañeros que se dirigen a pasar las pruebas de acceso.
Las actuaciones en general, sin ser excepcionales, no son malas. La personalidad de Ezequiel, con todos sus secretos, queda magníficamente reflejada por el actor João Miguel desde el principio, y personajes como Rafael o Fernando cargan sin problema con la complejidad de sus caracteres. La supervisora Aline también realiza bien su papel y Michele, si bien en un principio no me terminaba de convencer, va mejorando a lo largo de la serie.
La conclusión fue muy sencilla, después de hablar con Enrique Laso (El rumor de los muertos, Los crímenes azules), y escuchar cómo ha sido y está siendo su experiencia con ellos. Tras una breve conversación, me quedó claro que esto iba a ser un paso adelante, tanto para mí como para la novela. No tardé en firmar el contrato y en ponerme, junto a Mª Luz Ruiz (responsable de Marketing Digital en Casa del Libro), a darle un buen lavado de cara al libro. Porque sí, en su momento contraté a una correctora para que el resultado fuera el mejor posible, pero tanto la portada como la maquetación la hice yo… Y, para qué engañarnos, pues no soy un experto en ninguna de las dos cosas. Yo creo que el resultado, en aquel momento, fue adecuado. Ahora, eso no sería suficiente; tenía que ser excelente. ¿Logrado? En mi opinión, sí. Sin duda.