Opinión de la obra teatral “La venganza de Don Mendo”

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Tratándose de una de las cuatro obras más representadas en España, es probable que ya conozcáis La venganza de Don Mendo. Pero, si como me pasó a mí, no habéis llegado a ver una representación, por aquí os dejo mi impresión sobre la misma.

En primer lugar es importante decir que esta obra, creada por Pedro Muñoz Seca y estrenada en 1918,  busca la risa a toda costa. Para ello se vale de cualquier medio posible, desde declamaciones anacrónicas hasta actuaciones esperpénticas (en el buen sentido de la palabra). La historia en sí bien podía ser la base de una tragedia shakespeariana, ya que comienza con el romance prohibido entre la ambiciosa Magdalena y Don Mendo, un noble con pocos posibles, pero mucho honor. Cuando Don Nuño, el padre de Magdalena, promete su mano al rico Don Pere de Toro, esta no duda en abandonar al pobre Don Mendo quien, impelido por su honor, acaba siendo encarcelado cuando le encuentran en los aposentos de la joven.

Sin embargo, las ilusiones de Don Mendo se van esfumando cuando averigua cómo es realmente el objeto de su amor: codiciosa, embustera y dispuesta no solo a dejarle morir en una celda, sino incluso a hacer que lo empareden. Don Mendo jura vengarse de la malvada mujer, y estará dispuesto a hacer cualquier cosa para lograrlo.

Como digo, el argumento no parece cómico en un primer momento. Sin embargo, las situaciones, los versos, las actuaciones y el desenlace de esta historia consiguen, como mínimo, hacer soltar unas cuantas carcajadas a lo largo de los cuatro actos que llevarán hasta La venganza de Don Mendo.

Desde luego, una obra más que recomendable para pasar un par de horas muy divertidas y que, si estáis en Madrid, podéis ver en el Teatro Fernán Gómez. Un amplio elenco, encabezado por Ángel Ruiz y Cristina Goyanes, al que podréis ver actuar hasta el próximo día 2 de octubre. ¡No os lo penséis más, que se acaba el tiempo!

Opinión de la serie “Stranger Things”

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Antes de comenzar a hablar de Stranger Things, decir que si sois de la generación que disfrutó con ET, con las adaptaciones cinematográficas de King de los 80 y habéis jugado a Dungeons & Dragons, no hace falta que sigáis leyendo: esta serie os va a gustar, os lo aseguro.

He de admitir que las series que he ido viendo producidas por Netflix (Sense8, Daredevil, Jessica Jones, etc.) me han parecido muy bien hechas, y a pesar de que el tráiler de Stranger Things no me llamó mucho la atención, tenía pendiente ponerme a verla en cuanto terminara la última serie con la que había comenzado. Fue entonces cuando empecé a leer un sinfín de comentarios positivos por las redes acerca de esta serie y, más por curiosidad que por otra cosa, decidí empezar con ella tras acabar de ver la primera temporada de SOA.

Cuando un chaval desaparece en un pequeño pueblo norteamericano, solo sus amigos del colegio y su madre se sienten verdaderamente preocupados. A fin de cuentas, en el lugar no ha habido ningún acontecimiento dramático en muchos años, y la propia policía lo toma como una huida inocente. Sin embargo, la aparición de una misteriosa niña en el pueblo hará que los acontecimientos se vuelvan mucho más peligrosos, a medida que todos se acercan a la verdad y descubren que un cercano centro de investigación oculta más de un oscuro secreto.

No solo la historia se desarrolla en los años ochenta, sino que el propio estilo de la serie es muy “ochentero”, empezando por la misma presentación. Esto no hace que desmerezca en absoluto, pues tanto la ambientación como los efectos especiales están lo bastante logrados como para que todo parezca creíble, dentro de las Cosas Extrañas que suceden cada vez más según avanza la trama.

Quizá la parte que, siendo necesaria, peor está resuelta es el continuo uso de analepsis (o flashbacks, si lo preferís). No siempre, pero en ocasiones me parece que rompen mucho el ritmo de la narración. Recuerdos de momentos que a veces son esenciales para entender toda la historia, sobre todo en el caso de la extraña niña aparecida, si bien suelen ser más largos de lo necesario.

Por lo demás, como digo, recursos que hemos podido ver en centenares de series y películas de los años ochenta (niños socialmente inadaptados, madres exageradas, policías incrédulos, bicicletas…), usados con bastante buen criterio para conseguir que cada uno de los ocho capítulos que componen la serie enganche del principio al final. Si tenéis la oportunidad, no os la perdáis; seguro que pasaréis un buen rato.

Opinión de la serie “Hijos de la anarquía”

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Siete temporadas, sí, y yo solo he visto la primera, pero me parece que esta puede ser la mejor manera de no destripar tramas posteriores y solamente suponer hacia dónde se dirige (se dirigió) el futuro de esta serie de moteros.

Los Hijos de la anarquía, como digo, son un club de moteros que si bien se crearon con ciertos ideales, en la actualidad no son más que una banda que se dedica al tráfico de armas y a la adquisición de poder. Liderando al grupo se encuentra Clay Morrow, que no duda en tomar las decisiones que considera más apropiadas por el bien de los demás, incluso sin consultárselas. Tras él, como vicepresidente, está Jax Teller, hijo de uno de los fundadores y de la actual pareja de Clay, Gemma.

En la mayoría de los 13 capítulos que conforman la primera temporada de esta serie, el protagonismo se suele mantener dividido entre todos los miembros del grupo de moteros y sus allegados, con bastante éxito. Llama la atención, sobre todo en un principio, que los protagonistas y la inmensa mayoría de personajes que pululan en la historia sean, como poco, gente de moral dispersa. Vamos, que ninguno tendría problemas en meterle un tiro entre ceja y ceja a cualquiera que se interpusiera en su camino.

Jax, desde el primer momento, destaca como alguien ligeramente distinto, con ganas de cambiar el estilo del club por uno menos agresivo y más legal. Que esto no os engañe, que si tiene que cargarse a alguien, se lo carga, si bien su sentido del bien y del mal es mucho más afín a lo que podríamos considerar un antihéroe que a un villano (tanto Clay como Gemma son dos bichos de cuidado que cuando parece que no pueden ser más malos, hacen algo que uno no se espera).

Ya digo que no puedo destripar lo que no conozco, pero basándome en otras series americanas como Dexter o 24, es fácil suponer que por mucho que Jax sea el más bueno de todos, no acabará muy bien… Aunque aún tendrán que pasar muchas cosas para ver si mi suposición es certera o no. Por el momento he de decir que el constante y cada vez mayor enfrentamiento entre Clay y Jax es de las cosas que más tensión añade a la serie, y espero que dure mucho mucho tiempo.

Una serie dura, pero que sabe lidiar correctamente con el humor cuando hace falta. Habrá que ver cómo se va manteniendo a lo largo de las siguientes temporadas, aunque por diversos comentarios que he escuchado, la emoción no decae.

Búsqueda (relato)

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Tras varios días de viaje, por fin llegué a la vetusta ciudad. Estaba cansado tras el camino, y la poca comida que había podido conseguir se había terminado el día anterior. Aquí la mendicidad estaba prohibida y, no teniendo ninguna gana de acabar en prisión o expulsado de la ciudad, tomé la decisión de buscar una taberna y confiar en la bondad del dueño. Además, ese sería un buen sitio para comenzar su búsqueda; puede que el tabernero supiera algo, o quizá la conversación de algún parroquiano me ayudara en mis pesquisas.

No tardé más de media hora en encontrar una. Las paredes exteriores estaban muy deterioradas y apenas podía leerse el nombre del lugar. Lo cierto es que tampoco presté mucha atención y en mi recuerdo solo queda que llevaba el nombre de dos animales. En cualquier caso, tal dato tampoco es relevante para mi relato, no así lo que acaeció dentro.

Como dije, el aspecto exterior era bastante ruinoso. Sin embargo, el lugar estaba abarrotado. Me dirigí sin dilación a ver al tabernero, con la esperanza de poder tomar algo de pan y, tal vez, una jarra de vino o de alguna bebida espiritosa que me hiciera entrar en calor, pues comenzaba el invierno y entre el frío y la humedad, notaba cómo mi cuerpo se entumecía.

Cuando me encontré frente a él, me quedé un momento meditando mis palabras mientras le observaba. Parecía un hombre rudo, era corpulento y de una altura por encima de la media; su cara se veía un poco hinchada, con una tupida barba que contrastaba con su incipiente calvicie. Quizá lo más llamativo eran sus ojos, bajo las pobladas cejas, de un color que podía confundirse con el cielo de un día despejado.

Iba a decidirme a hablar cuando el robusto personaje sonrió. Me di cuenta de que me ayudaría, al menos respecto a la comida y la bebida. Y así fue, no pasaron ni dos minutos antes de que una jarra pasara de su mano a la mía. Más aún, cuando me acomodé en una mesa y me trajo un plato de comida, él también se sentó conmigo, preguntándome en primer término mi nombre para después interesarse por mi viaje.

A pesar de que temía ser objeto de burlas, le conté tanto el motivo de mi viaje como los datos que tenía sobre la persona que andaba buscando. Se mantuvo serio durante toda mi exposición y al terminar dio un profundo trago de su jarra antes de hablar.

Anochecía cuando salí de allí. No solo ya no me sentía cansado y hambriento, sino que ya tenía un nombre y un lugar en el que buscar. Por otra parte, el tabernero me indicó una dirección cercana donde me darían alojamiento esa noche. Tras varias noches durmiendo a la intemperie, me pareció que el duro colchón era la más suave cama en la que jamás había estado.

Era media mañana cuando abrí los ojos. A través de la ventana pude ver que caía una fina lluvia, aunque eso no me retrasó. Me dirigí hacia los muelles, esperando que al llegar alguien pudiera darme más datos. Cuál no sería mi sorpresa cuando, junto al primer barco que encontré, que estaba siendo cargado en ese momento, se encontraba mi objetivo.

Lo reconocí al instante: alto y delgado, con el pelo negro y largo, y un porte majestuoso. Daba órdenes a un grupo de hombres y no pareció percatarsevio hasta que estaba apenas a cuatro pasos de él. Cuando se volvió y me miró, recorde el sueño.

En él, me encontraba en un paraje extraño. Un rebaño de corderos atrajo mi atención y me acerqué. Para mi sorpresa, los corderos fueron esfumándose hasta que solo quedó uno, que me miró y, acto seguido, levantó el vuelo. No me sorprendió, en parte porque sabía que era un sueño, aunque principalmente porque lo que más me llamaba la atención era el brillo dorado de su piel. Mientras se alejaba volando, un hombre se acercó a mí –el hombre que ahora mismo se hallaba frente a mí–. Tenía una expresión amable en su rostro. Vi cómo, detrás suyo, un soldado vestido con un extraño atuendo se dirigía, espada en mano, hacia él. En ese momento me di cuenta de que yo mismo llevaba una espada en el cinto. La desenvainé y me encaminé hacia el soldado para evitar que atacara por la espalda al apuesto desconocido. De repente, el joven y el soldado, junto al alado cordero y al resto del paisaje, desaparecieron dando paso a una ciudad que a pesar de no conocer en ese momento, con los detalles que vi fui capaz de localizar tras hablar con los viajeros que pasaban por mi pueblo.

Y allí estaba finalmente, guiado por lo que pensaba podía ser un simple sueño, y ahora estaba convencido era una visión. Quizá fue por mi propia convicción, o tal vez por la bondad del hombre; la cuestión es que no dudó en ofrecerme la mano y decirme estas tres palabras:

“Bienvenido al Argos”.