Se acaba el año


…Y yo con estos pelos. ¿Qué propósitos tenéis para el año que está a punto de entrar? Ojo, que no pregunto por vuestros deseos, sino por vuestros propósitos. Seguro que todos tenéis claro lo que queréis cambiar en la vida, pero lo importante es saber cómo cambiarlo.

(Pinchad en la imagen para verla en grande)

Así pues, mis propósitos para el 2013 no van a ser que mis libros tengan más repercusión, o que haya más visitantes en esta página; más bien serán escribir más, moverme más, promocionar más los libros y escribir con más asiduidad en esta página, intentando encontrar los libros, presentaciones y noticias que puedan resultar más interesantes. Y, por supuesto, vuestra ayuda es esencial para todo esto. ¿Sobre qué querríais leer habitualmente? ¿Qué clase de libros os gusta más?

De una forma o de otra, espero que tengáis un buen año y que tanto vuestros propósitos como vuestros deseos se conviertan en realidad.

David J. Skinner y Alexander Copperwhite


Ambos escritores estuvimos la pasada semana en La Biblioteca Encantada, el programa literario de Radio 21. Una tarde de las mejores que pueden pasarse, pues la simpatía de nuestro anfitrión, Javier Fernández, hizo que los nervios desaparecieran y se creara una atmósfera de «buen rollito» (que se hace patente en la entrevista, como escucharéis).

Además de hablar de nuestros nuevos libros –«La primera corona» en el caso de Alexander Copperwhite, y «Los crímenes del ajedrez» en el mío–, también contamos cosas sobre otros trabajos nuestros, aficiones y gustos.

Para poder escuchar la entrevista, podéis pulsar AQUÍ o en la imagen.

La le lo


lalelo

Laísmo, leísmo y loísmo… Mientras que a algunas personas les resulta muy sencillo identificar cuándo usar cada pronombre, para otras se convierte en todo un sufrimiento. Vamos a intentar entender, de forma sencilla, cómo usarlos correctamente.

Ponemos una situación: Yo quiero dar un caramelo a una amiga. La frase podría ser así:

Quiero dar un caramelo a Clara.

Aquí no hay problema. Prescindimos de pronombres, y ya está. Sin embargo, puede que queramos escribir la frase de otra forma.

Ahí está Clara. Quiero darle un caramelo.

¿O sería darla? ¿Por qué «le», si la persona es femenina? Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que «le» no es masculino, estrictamente hablando. Nos podemos encontrar con excepciones, pero lo habitual es que sea un pronombre neutro. Intentemos analizar la frase lo mejor posible.

¿Qué quiero dar? El caramelo. Clara no es el objeto directo del verbo, no es lo que quiero dar sino a quien quiero dar. Así pues, nos referimos a ella con ese «le», independientemente de que se trate de un hombre o de una mujer. Cosa distinta sería en la frase «Quiero verla»; aquí sí que es Clara el objeto directo, la receptora de la acción del verbo. Vamos a complicar un poco la cosa.

Ahí está Clara, y yo tengo un caramelo. Quiero dárselo.

¿¿?? ¿Eh? ¿Qué ha pasado? Vale, tenemos un «lo» al final, que se refiere claramente al caramelo. ¿Y el «le»? No os asustéis, no se ha ido a ninguna parte; tan solo se ha transformado en un «se». Tenemos, pues, el «le» para referirnos a Clara –en este caso «se»– y el «lo» para el caramelo. Más o menos, queda claro.

Tengo una silla. Quiero regalarla.

…Que sería lo mismo que «quiero regalar una silla». La diferencia está en que la silla en cuestión está omitida en la frase. Más concretamente, está omitida para el verbo –porque la frase «tengo una silla y quiero regalarla» también nos serviría de ejemplo–. Si fuese un caramelo, creo que todos tendríamos claro que terminaría en «lo». En ambos casos, el objeto del verbo no aparece tras él.

La conclusión es sencilla: si contamos con un «lo» o un «la», el objeto del verbo tiene que estar omitido. No podemos decir «quiero regalarlo un caramelo», podríamos decir «quiero regalar un caramelo» o «quiero regalarlo». Sí sería válida la frase «quiero regalarle un caramelo», pero en este caso el «le» no se refiere al caramelo sino a la persona a la que vamos a regalárselo.

Como no puede ser de otra forma, hay diversas excepciones. Mas son eso, excepciones; lo habitual es usar los pronombres de la forma que he indicado. Una manera rápida de estar seguro de si estamos usándolos bien es, en caso de usar un «la», sustituirlo por un «lo»; si la frase no tiene sentido para nosotros, es que estamos usando el pronombre equivocado.

Dudas, sugerencias y quejas serán bien recibidas.

El 25 de diciembre…


…es Navidad. Pero, ¿qué sabemos sobre el origen de esta celebración? No todas las Iglesias cristianas aceptan este día como el del nacimiento de Jesús y, de hecho, según el evangelio de Lucas, esa fecha debería ser más cercana a septiembre que a diciembre. Hay diversos motivos, pero esta posición se reafirma al narrar Lucas que los pastores cuidaban del rebaño al aire libre.

Las Iglesias ortodoxas orientales que aún continúan con el calendario juliano, lo celebran el 25 de diciembre (que correspondería con el 7 de enero en el calendario gregoriano, usado en occidente). Cabe señalar que en Belén, ciudad de nacimiento de Jesucristo, la Navidad se celebra dos veces. Pues la Basílica de la Natividad es administrada por la Iglesia católica que celebra Navidad el 25 de diciembre; y la Iglesia ortodoxa de Jerusalén que la celebra el 6 de enero.

Por último, esta misma fecha se usó para celebrar el Natalis Solis Invictus en la antigua Roma. No es seguro si esta celebración comenzó a realizarse antes o después.

 

(Fuente: Wikipedia)