Opinión del videojuego «Until Dawn»

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Quantic Dreams y Telltale Games ya se habían dado cuenta de que hay un nicho de jugadores que disfrutan (disfrutamos) con juegos que podrían ser catalogados más como películas interactivas. Quizá, o al menos en mi caso, esto podría ser una reminiscencia de todo lo que he leído/jugado con aquellas historias interactivas que tanto éxito tuvieron en los 80, como Lobo Solitario, La Búsqueda del Grial, Lucha Ficción, Dungeons & Dragons, etc.

Supermassive GamesPero cada vez hay más compañías que se percatan de este detalle, y la última de ellas ha sido Supermassive Games. Reconozco que hace apenas una semana que escuché hablar de Until Dawn, comparándolo con joyas como Heavy Rain o Farenheit. Ni siquiera conocía esta compañía, pero no dudé en que este juego tenía que caer en cuanto saliera, que fue hace dos días.

¿De qué va Until Dawn? El argumento, a priori, no parece lo más original del mundo. Un grupo de ocho jóvenes se reúnen en una aislada cabaña para conmemorar la desaparición de dos hermanas el año anterior. Si bien este es el inicio, y aparentemente los hechos se van desarrollando como podríamos imaginarnos, conforme la historia avanza nos encontraremos con alguna sorpresa inesperada. Incluso habrá sorpresas que quizá (solo quizá) nos resulten demasiado chocantes.

QTEEl juego se basa casi exclusivamente en QTE (Quick Time Events). Es decir, habrá que pulsar el botón correcto en el momento adecuado para que la acción que el protagonista esté realizando tenga éxito. Y aquí va otro tema curioso, y es que a lo largo de la aventura llegaremos a controlar a cada uno de los ocho jóvenes. Cada acción y cada diálogo podrán tener consecuencias no solo en el personaje activo, sino para el resto. Las relaciones entre los ocho amigos son ya de por sí complicadas al inicio, pero se harán más difíciles cuando tengamos que decidir si ser sinceros u ocultar horribles verdades; si comportarnos con amabilidad o con contundencia.

Nuestro objetivo es sobrevivir hasta el amanecer. Diez horas que se desarrollan casi paralelas entre el mundo real y el virtual. Ahora bien, que los ocho jóvenes lleguen con vida a ver el sol no va a ser tarea fácil, os aviso. De todas formas, no sufráis; que haya muertes no hace que la historia se detenga, sino que cambia sucesos futuros y nos lleva a un final diferente. Una continua sucesión de acontecimientos causa-efecto que seguro hará las delicias de aquellos jugones de los 80 que he dicho antes. Y de muchos más.

Until Dawn - carátulaEn definitiva, una historia de terror que puede llegar a finalizarse en un par de días de juego, pero que llevará bastante más para poder descubrir los misterios que se esconden en Blackwood Pines y lograr sobrevivir. Si habéis jugado al Heavy Rain y os gusta, no podéis perderos este.

Y preparaos para más de un susto.

El futuro (relato)

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Me froté los ojos, incrédulo, pero no había lugar a dudas; en aquel banco del parque, el hombre que dibujaba en una libreta no era otro que yo mismo. Un yo más joven, quizá más entusiasmado y, sin duda, mucho más ingenuo.

Di unos pasos hacia él —hacia mí—, con lentitud. Quería decirle que lo dejara, que no merecía la pena el esfuerzo. Contarle que el futuro no sería en absoluto como él esperaba.

Entonces, alguien me agarró para detenerme. Era yo, aunque con muchos más años y mucho menos pelo. Me miró fijamente y, sin hablar, negó con la cabeza. Su expresión denotaba serenidad e incluso felicidad, casi igual que mi otro yo, el que estaba sentado dibujando sin parar.

Se alejó sonriendo y yo volví a echar un vistazo a mi joven álter ego. Sin pensarlo, me di la vuelta y abandoné el parque sabiendo que el destino sería más brillante cuanto más oscuro fuese el camino a recorrer.

Y yo también sonreí.

Opinión de la película «Los 4 Fantásticos»

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4fSiempre he dicho que una película no puede juzgarse solo por el final; ni una buena película se vuelve mala por un final cutre, ni una película pésima puede redimirse con un final espléndido.

Sin embargo, en el caso de Los 4 Fantásticos, un buen final (no excelente, no brillante; solo bueno) podría al menos haber salvado la película. Por desgracia, la última parte de la película es, con diferencia, la peor. Iba a dar mi opinión intentando no soltar demasiados spoilers, pero ya aviso de que voy a contar bastante de la historia. Si seguís leyendo, luego no os sorprendáis.

La historia comienza con un pequeño y empollón Reed Richards, planteándose crear un aparato que permita teletransportar la materia. De una forma un tanto extraña, termina haciéndose amigo inseparable de Ben Grimm. El caso es que el principio recuerda un poco a Exploradores, lo que hace cierta gracia, aunque el parecido con esa película termina tras los primeros minutos, porque de golpe y porrazo pasan siete años.

4f_2Luego, una sucesión de diálogos muy muy, pero que muy raros plagan la cinta. Las reacciones de todos los personajes son extrañas e irracionales la mayoría del tiempo. De hecho, el único personaje que parece mantener una cierta coherencia es Victor von Doom (si bien de vez en cuando también tiene reacciones sin sentido). Entre todos logran crear una máquina que permitirá viajar hasta otra dimensión. Hasta aquí el primer tercio de la película.

En el segundo tercio, nuestros alegres compañeros cruzan la puerta estelar… Digooo, no; usan el transportador para viajar a una extraña dimensión y, una vez allí, se dedican a hacer el gamba hasta que, claro, la cosa se lía y escapan por los pelos. Menos el pobre Victor, que parece que muere allí. Sí, ya sabemos que no muere. Resulta un poco molesto cuando te intentan hacer creer que alguien muere y tú sabes de sobra que no puede morir, porque es el malo principal de los cuatro fantásticos.

De todas formas, es una pena que no muera. Pero eso ya lo cuento en el último tercio de la película.

A lo que estamos: tras el regreso, los cuatro adquieren poderes que recuerdan al origen de los metahumanos en Flash. Vamos, que según lo que les ha pasado, así es el poder que tienen. Venga, vale, es una explicación. Por supuesto, el gobierno los captura y los usa como armas bélicas, aunque Reed logra escapar.

Pasa un año y vemos que todos han aprendido a usar sus poderes haciendo cosas chulas. Papá Storm, al que no se le había ocurrido hacer una copia de la investigación, es incapaz de volver a crear la máquina, así que persiguen a Reed para que les ayude. Y claro, en diez minutos (o menos), el listillo de Reed resuelve el problema que había. No se sabe si esta vez habrán hecho copia de seguridad de los datos.

Y llegamos, por fin, al lamentable y vergonzoso último tercio de la película.

Porque el resto de la película podía salvarse. En serio que lo creo. Pero a partir de aquí ya es caída libre.

Tras usar la máquina, rescatan a Victor, que llevaba un año por ahí dando vueltas. Cuando lo traen a la Tierra, en un inesperado movimiento, descubrimos que Victor von Doom es malo (¡oh, sorpresa!) y que puede reventar gente con solo pensarlo. Conste que alguno se lo merecía, pero en su camino desde la sala en la que está hasta el laboratorio (quién sabe por qué dejó que le llevaran hasta ahí) se carga a todo el que se le cruza por delante. Es malo y está loco, no se necesitan más razones.

Ya en el laboratorio, cuando está a punto de irse de nuevo a la dimensión esa donde estaba, papá Storm, que no debe de haberse enterado de que ha reventado a doscientas personas en los últimos cinco minutos, le dice que no, que se quede. Y el caso es que Victor planea algo muy chungo, pero eso no se sabe todavía, así que no hay motivo para impedir que se marche. Al contrario.

4f_3A partir de este punto, me niego a contar más. Si aún seguís con ganas de verla, os reto a disfrutar de la gran superbatalla final entre el bien y el mal.

Mi conclusión es que el concepto que intentó desarrollarse no era malo, pero la realización ha sido pésima, desafortunada y, como he dicho, vergonzosa. Es una pena que la primera familia de Marvel no sea capaz de tener una versión cinematográfica que se acerque a la calidad que merece.

Inmortalidad (relato)

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Sé quién soy. Mi nombre es Walter James Montgomery. Nací en Norfolk, Nebraska, el siete de abril de 1970. He llevado una vida bastante tranquila, intentando no molestar a nadie, mientras trataba de cumplir los objetivos que me iba proponiendo en la vida, que tampoco eran demasiado ambiciosos. Me casé hace casi veinte años con mi novia del instituto, Mary Ann, y tenemos dos preciosos hijos.

Yo… sabía quién era. Y, de repente, todo cambió.

No me llamo Walter, ni nací en 1970. Jamás he pisado Norfolk, ni me he casado, ni he tenido descendencia.

Una vez escuché (no, no lo hice, en realidad) una reflexión que me produjo cierta angustia: «¿y si el mundo no existe? ¿Y si todo es un sueño?».

El mundo, mi mundo, es un sueño. Lo más aterrador, sin embargo, es que no soy yo el que está soñando. Tan solo formo parte de un elaborado escenario surgido de la mente de alguien; de una persona que está a punto de despertar y, cuando abandone el mundo onírico, todo se esfumará para siempre.

Si lo piensas bien, es peor que la muerte. Nadie llorará por mis hijos ni por mi esposa; nadie recordará siquiera que existieron, que hemos existido, que teníamos sueños, esperanzas e ilusiones, que sentíamos el ansia de vivir, que sufríamos y que disfrutábamos.

Que éramos reales.

Aunque mi vista se nubla, soy consciente de cómo todo desaparece ante mí. Mi propia mente no es capaz de retener las imágenes de mi vida. Cada vez me cuesta más recordar dónde o cuándo nací, o si tengo familia. Siento un fuerte dolor en la cabeza, como un picoteo que aumenta en intensidad y me hace acabar de rodillas sobre el frío suelo.

No sé quién soy. No sé quién era. La misma realidad parece rasgarse, partirse en dos, y alcanzo a vislumbrar otro mundo. Las trompetas del apocalipsis retumban en mis oídos, y sé (lo sé) que todo ha llegado a su fin.

Sé quién soy. Mi nombre es Laura Escudero. Nací en Madrid hace veintitrés años. Siempre he querido ser escritora —incluso sin tener del todo claro qué significa serlo— y, por fin, tengo una historia que quiero contar. Que necesito contar.

Apago el despertador y salto de la cama en busca de un cuaderno y un bolígrafo. He de darme prisa y escribir antes de que se desvanezca de mi mente. Contar la historia de Walter James Montgomery, de Norfolk, Nebraska.

Un efímero sueño está a punto de alcanzar la inmortalidad, negro sobre blanco.