Los gustos son muy personales, eso está claro; por eso, cuando empecé a escuchar buenas críticas de Altered Carbon, una de las últimas series de Netflix, me lo tomé con bastante cautela. Ya me habían recomendado algunas como Dark o Taboo que no terminaron de convencerme, y cuando me dijeron “Es un estilo a Blade Runner” mis expectativas no mejoraron.

Sí, lo admito: Blade Runner es probablemente la adaptación de una obra de K. Dick que menos me ha gustado.

En fin, me puse a ver el primer episodio y quizá lo primero que me llamó la atención fue la falta de fechas. Esto no está ubicado en “Nueva Philadelphia, año 2500”, ni nada parecido. Es el futuro, claro, pero un futuro indefinido. Claramente lejano, pero sin identificar. Y, en mi opinión, ni falta que hace.

Vayamos al grano. Varios cientos de años antes de la época en que se desarrolla el hilo “actual” de la historia (y marco lo de “actual” porque a lo largo de la serie habrá varias narraciones de hechos muy anteriores), la humanidad ha logrado alcanzar algo similar a la inmortalidad: todo la esencia del ser se almacena en un pila que, en caso de muerte del cuerpo, pasa a otro. Así, usando distintas fundas, cualquier puede llegar a vivir para siempre.

¿Cualquiera?

Pues no, claro. Solo la élite tiene la capacidad económica para adquirir un sinfín de fundas, o incluso de crear clones propios. Los miembros de esa clase alta cuasi-inmortal son poco menos que dioses.

Takeshi Kovacs no es uno de ellos. Sin embargo, tendrá que moverse entre ellos, tras ser reenfundado, para resolver un crimen que podría llegar a alterar los cimientos del orden establecido.

Así pues, nos encontramos con una clásica historia de género negro cuyo desarrollo está estrechamente relacionado con ese mundo y su tecnología. Kovacs, prototipo de antihéroe derrotado, atormentado por su pasado y con un desprecio absoluto por las normas, encaja como un guante en un mundo con muchas más sombras que luces. El desarrollo de la trama comienza despacio, mientras se introducen al resto de personajes, para en un momento dado acelerar y desvelar (tanto al espectador como al propio Kovacs) la intrincada telaraña de engaños que envuelvo todo.

El futuro cyberpunk, en mi opinión, está muy logrado (y probablemente es el mayor parecido con Blade Runner). Los actores principales, sin ser mayoritariamente brillantes, cumplen bastante bien. Por último, aunque la trama está bien, peca de querer juntar mediante la causalidad situaciones demasiado variadas; no se podría hablar estrictamente de Deus ex Machina, pero a veces el protagonista parece llevar un imán de catastróficas desdichas.

Con todo, si os gusta el género negro al estilo El Halcón Maltés o El gran sueño, y además sois aficionados a la ciencia ficción, esta serie no deberíais de perdérosla.

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