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La saga Cloverfield, iniciada por la película del mismo nombre —que se tradujo poco afortunadamente en España como Monstruoso—, llega a su tercera entrega con The Cloverfield Paradox, estrenada en Netflix hace apenas un día.

Antes de comenzar mi pequeño análisis, advertiros de que contaré alguna que otra cosa que puede destrozaros la película, aunque intentaré no desvelar más de lo necesario. Avisados estáis. Si queréis conocer mi opinión simple y llanamente, la pondré justo al final del análisis.

Si ya habéis visto las dos películas anteriores (si no, os recomiendo ver al menos la segunda, 10 Cloverfield Lane), ya sabéis que algo extraño ha ocurrido en el planeta. Pero, ¿cómo se originó todo? En este largometraje, precuela de los anteriores, podemos llegar a descubrirlo.

O no.

Porque, la verdad, la película deja bastantes cosas en el aire. En mi opinión, no es imprescindible contar todo, ni narrar el origen del ataque que está sucediendo, pero sí me parece un poco “tramposo” que hagan al espectador pensar en otras películas (y no me refiero a otras películas de la misma saga) para sacar las conclusiones.

Cloverfield 3En fin, comenzaré por el principio. Ava es una científica que se embarca en una misión crítica para el mundo: viajar a una estación espacial y conseguir una fuente de energía que supla al petróleo, el cual está casi agotado y cuya obtención puede ser la causa de una gran guerra global. Lo que comienza como una misión de pocos meses se convierte en dos años de tensa convivencia en la estación espacial, junto a un variado grupo de científicos de diversos países. Un argumento que, por sí solo, podría sostener toda la película.

Por desgracia, no es así; y no ocurre porque, cuando parece que los nervios empiezan a crisparse, el acelerador de partículas que intentan usar finalmente funciona. Funciona mal, claro, y de repente dejan de ver el planeta Tierra para adentrarse en lo desconocido. A partir de aquí ya es una mezcla entre Alien y (sobre todo) Horizonte Final, donde uno a uno van cayendo los tripulantes. Nada nuevo bajo el sol, me temo.

Con esto no quiero decir que sea una mala película. Las hay mejores, mucho mejores, pero no es mala. Los cabos sueltos que deja son perfectos para que nuevas películas los continúen, y eso es un punto a favor de la saga. Por otro lado, a pesar de lo estrambótico de la historia que nos cuentan, la película peca de escasa originalidad.

Si habéis visto las otras dos películas de la saga, no estaría de más gastar una hora y media en ver esta y descubrir un poco más sobre el universo Cloverfield. Si no, pero sois fans acérrimos de Horizonte Final, también os recomiendo verla. En cualquier otro caso, es probable que en el catálogo de Netflix encontréis algo que se adapte mejor a vuestros gustos.

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