Toca ir despidiéndose del 2016 para prepararse a entrar en un nuevo año. ¿Cómo será? Lo cierto es que este 2016 no ha sido, para nada, un mal año en mi vida.

Por un lado, he publicado nuevo libro, y además escrito junto a otros dos (grandes) escritores, Rafael Estrada y Óscar Fernández Camporro. La novela en cuestión, Cabrones, tampoco es que lo esté “petando”, pero sí que ha servido para poder asistir a varios eventos y firmas y, sobre todo, lo hemos pasado genial con ella. Vamos, tanto como para estar preparando un segundo libro, que esperemos vea la luz a principios del ’17.

Quizá la noticia más importante a nivel literario sea el interés que Ediciones Tagus mostró por Los crímenes del ajedrez, que culminó en un contrato con el cual ya soy, oficialmente, un escritor del Grupo Planeta. Seguro que no me hago rico, pero voy a presumir un montón 😉

No me olvido de las colaboraciones que he hecho para la revista Info Ocio Navalcarnero, dirigida por Rubén Serrano, y donde he participado tanto con relatos como con entrevistas. Y también alguna de las portadas del año son mías, que hace mucha ilusión.

Hablando de fotografía e ilusión, gané un concurso fotográfico cuyo motivo era el Mercado Medieval de Navalcarnero. ¡Mi primer premio en fotografía!

Retomo la literatura para comentar que, gracias a Babelcube, la pequeña novela Masacre en Nueva York y el peculiar detective que la protagoniza han aumentado sus miras y ahora se puede encontrar este libro en portugués con el nombre Casos do detetive Cutfield: Massacre em Nova Iorque. Y alguno se ha vendido, veremos si los lectores van dando su opinión…

Literatura, fotografía…, ¿y cine? Pues sí, porque también he participado como coproductor en el cortometraje Fe, dirigido por Juan de Dios Garduño y protagonizado por actores y actrices de bastante relevancia, como Eva Isanta, Víctor Clavijo o Jorge Cabrera, entre otros. Pude asistir al rodaje y conocer al equipo artístico y técnico, y estoy deseando ver el estreno y el brillante futuro que (seguro) tendrá este corto.

Así que, ¿qué espero del 2017? Pues tampoco quiero tentar a la suerte pidiendo que sea mejor que este. De momento, podré asistir al estreno de Fe y a algún que otro festival. Hay previstas más traducciones de mis obras (al francés y al italiano, de momento). Tengo una novela presentada a un concurso de cierta importancia, veremos qué pasa. Tengo otra novela para presentar a un concurso quizá de menos relevancia, pero de más proyección. Y Cabronas, la continuación de Cabrones,  verá la luz en breve.

Así dicho, en un párrafo, parece poca cosa, ¿no? No, no lo creo 🙂

¡Feliz salida y entrada de año!

(Y aquí os dejo un breve relato con el detective Cutfield como protagonista. Pongo después el texto, por si en la imagen no se ve bien)

felizañocutfield.jpg

 

El detective Cutfield tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó –lo aplastó–, sin dejar de mirar su reloj. Quedaban apenas unos minutos para que acabara ese año. Ese maldito año.

Tras respirar hondo, comenzó a caminar hacia el teléfono. El aparato, que no sonaba desde hacía varios días, parecía burlarse de las expectativas del antiguo policía. «No voy a sonar», pensó Cutfield que sería el pensamiento del oscuro aparato.

Un par de golpes en la puerta hicieron que se abalanzara sobre su arma. No esperaba a nadie; no ese día. Y una visita no esperada solía ser una visita desagradable, de una forma u otra.

–¿Quién coño es? –preguntó, mientras se acercaba a la puerta con cautela, levantando su revólver y listo para disparar si la respuesta a su pregunta no resultaba satisfactoria.

–Cutfield, me gustó el recorrido en que me acompañaste por los suburbios de Nueva York –dijo una voz femenina al otro lado.

–¡Una historia que no me dio tregua! –exclamó otra mujer desconocida tras la puerta de madera.

–Frenética, contundente y justiciera. –Esta vez fue un hombre quien habló–. No me dio tiempo ni de prepararme un café antes de haber terminado el libro.

–Me pareció estar viendo una película al más puro estilo Bogart –dijo una nueva voz femenina–, aunque con mala leche, eso sí.

Bajó el arma y descorrió los tres cerrojos, sin estar seguro de qué estaba sucediendo. Tras la puerta, un nutrido grupo de gente le esperaba con libros en sus manos. Unos libros pequeños con la imagen de la estatua de la libertad. Cutfield se dio la vuelta para dejar su revólver y coger una pluma. Antes de comenzar a dedicar aquellos ejemplares, les miró a los ojos y dijo:

–Muchas gracias a todos, y que tengáis una buena salida y entrada de año.

 

 

 

¡Feliz 2017!

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