Etiquetas

, ,

A pesar de que alguna crítica había leído sobre esta película (y no la ponían muy bien, que digamos), al final me decidí a echarle un vistazo a esta peculiar obra del director y guionista de Clerks, Kevin Smith.

Y sí, la peli es rara, para qué vamos a negarlo.

Como en otros trabajos suyos, Smith utiliza la exageración como crítica. ¿Exageración? Sí, pero tampoco tanto como nos gustaría. No tardamos en ver que su primer objetivo es el fanatismo religioso, representado en la película por un devoto reverendo y su familia. En segundo lugar critica la necesidad popular de ese “minuto de gloria televisiva” que, sin lugar a dudas, se está imponiendo cada vez más en la sociedad. Por último, las fuerzas de la ley y el orden se llevan también su ración correspondiente en la segunda mitad de la película.

¿Ante qué clase de película estamos? Dividiéndola en dos partes, la primera correspondería a una slash movie, sin lugar a dudas: adolescentes que se enfrentan a una muerte cruel, a manos de una secta. La segunda, que podríamos identificar desde la aparición de John Goodman, da un giro para convertirse en un thriller de acción que incide en… ¿la defensa de las libertades? ¿La crítica al creciente y descontrolado poder del estado? Me resulta difícil definir esta segunda parte (lo que tampoco quiere decir que sea mejor o peor), y quizá por este cambio de registro la película se ha llevado algunas malas opiniones.

Hay algo más que –lo diré intentando no destripar nada– resulta muy curioso y que seguramente provocó otras cuantas críticas negativas: las muertes. Ya os he dicho que empieza como una slash, así que no es sorprendente que muera gente. No, lo llamativo es que, salvo una o dos importantes excepciones, el resto de muertes podríamos considerarlas aleatorias: no ayudan a la trama, ni a la comprensión de la historia; y, desde luego, no dejan un alto grado de satisfacción en el espectador.

No me gusta juzgar una obra por su final, sino por todo lo que contiene. En esta ocasión resulta complicado hacerlo –el colofón de la historia casi arrastra al resto de la película–, aunque tras haberla dejado reposar unas horas creo que puedo decir que me gustó. Me lo pasé bien sufriendo con los protagonistas, y disfrutando del humor que Smith es capaz de imprimir a situaciones muy desagradables. No muchos podrían (ni se atreverían).

Mi recomendación es que, si lo pasáis bien con el humor negro, no deberíais dejarla pasar. Si no…, casi mejor que uséis la hora y media que dura para ver otra.

Anuncios