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Capítulo 5: EL PLAN

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Los autores_Capitulo_5 —¿Todo ha ido según el plan? —Skinner susurró esas palabras, teniendo tanto Camporro como Estrada que esforzarse para escucharlas, a pesar de que no había ningún otro interno cerca, ni tampoco nadie del personal.

—La doctora, la maldita doctora… —dijo Estrada, apretando los dientes—. Creo que sospecha algo.

—Ya da lo mismo, es demasiado tarde para que sus sospechas nos estropeen lo nuestro—aclaró Camporro, mientras se rascaba la cabeza con la mano derecha, y otra parte inferior de su anatomía con la izquierda—. Mañana estallará el motín de una forma o de otra, y en ese momento saldremos de aquí.

Los tres se giraron al escuchar unos pasos, y un brillo metálico se dejó ver en la mano de Estrada. Sin embargo, solo se trataba de uno de los pacientes, paseando sin rumbo y con la mirada perdida.

—Solo es Mariño —dijo Skinner, sonriendo—. Debe de estar buscando su katana. Menudos zumbados hay por aquí.

—No como nosotros. —Camporro se irguió con dignidad al decir estas palabras, que los otros reafirmaron con un leve asentimiento—. Bueno, Skinner, ¿conseguiste contactar con Del Río?

—Tuve que sobornar a un residente, diciendo que le añadiría en los agradecimientos de la novela, para lograrlo. Pero a lo que vamos, a Del Río le parece que nuestro plan es estupendo, y que iría muy bien para un festival que se hará en Navacerrada, el Navacon.

—No había oído hablar de él —admitió Estrada.

—Es el primer año que se hace. Una convención de Rol y Fantasía.

—¿Rol? ¿Fantasía? —Camporro parecía un poco desorientado—. Pero Cabrones no es…

Cabrones será lo que yo diga que sea. —Skinner pronunció la frase mirando fríamente a su compañero—. Así que hay que preparar una nueva edición, y para ya.

—Va a ser un éxito. —Estrada estaba eufórico, aunque resultaba difícil saber si se debía a la noticia o a las sustancias que le estaban administrando con regularidad—. Ya veo los titulares: «Cabrones arrasa en Navacon».

—Claro que sí, así será. Eso sí, tened en cuenta que antes igual tendremos que sortear a algunos enfermeros y a un par de guardias; la huida de aquí no será sencilla.

—Estoy deseando que llegue mañana —dijo al fin Camporro, más animado.

Los tres regresaron a sus habitaciones, sin que nadie pudiera sospechar que al día siguiente las cosas se iban a poner muy feas en el Asilo Arkham.

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