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Salvo causas de fuerza mayor, en pocas ocasiones rechazo la invitación para participar en un evento literario. Cuando José Luis del Río nos ofreció a Rafael Estrada, a Óscar F. Camporro y a mí mismo la oportunidad de asistir, dar una charla y firmar libros en la primera edición de la NavaCon, no tardamos en aceptar encantados.

A pesar de la cercanía, nunca había estado en Navacerrada, y esta era una buena oportunidad para hacerlo, a la par que poder disfrutar de una feria de rol y fantasía; dos cosas (sobre todo la primera) en las que estoy y he estado muy metido, aunque literariamente no las toque demasiado.

Dicho y hecho. Cogí alojamiento en Navacerrada y me dispuse a pasar un fantástico fin de semana. Y así fue.

Me sorprendió, nada más llegar, la cantidad de carteles anunciando la NavaCon que había por el pueblo. El primer signo de que el Ayuntamiento se había tomado en serio la organización (por desgracia, esto no ocurre en muuuuchos festivales y ferias con tanta frecuencia como quisiéramos). Aparqué en las inmediaciones de la Casa de la Cultura y me dispuse a ver qué ofrecía la convención.

Un abarrotado cuentacuentos infantil era el primer paso antes de entrar en la zona de las casetas, seguido de una pequeña plaza donde más adelante pude contemplar algunas peleas con espadas (de gomaespuma, eso sí). Un tren hacía que niños y padres dieran una vuelta por el pueblo, y multitud de elfos, magos y jedis hacían las delicias de grandes y pequeños por igual. En las casetas se encontraban objetos de lo más variopintos: desde colgantes a tazas, y desde juegos a libros. Muchas láminas con ilustraciones en diversos estilos podían hallarse por doquier (y me atrevería a destacar al artista de los pinceles y el café, Juapi, que solo dejaba de dibujar a un “cafetero” John Nieve cuando firmaba pósters de la convención, o dedicaba alguno de sus libros de ilustraciones).

No terminaba todo en el exterior, ya que dentro de la Casa de la Cultura había también un montón de actividades: juegos de consola, torneos de Magic, partidas de rol, duelos de té y diversas presentaciones, como la de Ad Infernum, de Daniel P. Espinosa, Ángeles de Titanio, de Leonardo Ropero, o Cabrones, de tres peculiares escritores de cuyo nombre no quiero acordarme. Un lugar que se convirtió también en refugio ante las inclemencias meteorológicas que, si bien trastocaron un poco las cosas, no lograron echar abajo la gran labor de los organizadores.

Sin más, felicitar a Fusion Freak, Apache Libros y al Ayuntamiento de Navacerrada por el éxito de la iniciativa, y animarles a una segunda edición de la que seguro disfrutaré, bien sea como autor invitado o como asistente.

A continuación, algunas fotografías del evento.

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