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He tenido la suerte de leer las tres novelas que alcanzaron el pódium en el III Premio Oscar Wilde de Novela, y he de decir que las tres me parecen muy buenas.

Claro que una de ellas es mía (!), pero ahora voy a hablar de otra, la que consiguió el accésit: Perdimos la luz de los viejos días, de Issac Belmar.

perdimos_luzEl sugerente título se refiere tanto a una situación real como a una metafórica. En esta historia, el mundo ha sobrevivido a su final, aunque no sin consecuencias. Una de ellas es la mortecina claridad del ambiente, haciendo que se perdiera esa luz de la que habla el título.

En esta historia, veremos cómo alguien puede intentar vengarse de la vida

La parte más trascendental, sin embargo, es la luz que pierde el protagonista. Un hombre cuyos sueños, ilusiones y amores se han ido apagando hasta desvanecerse por completo, dejando un crudo rencor hacia la propia vida. Y, en esta historia, veremos cómo alguien puede intentar vengarse de la vida.

Me llamó la atención, al leer el libro, el cambio de narrador que utiliza Belmar en varios capítulos. No es algo muy habitual y muchas veces puede crear confusión en el lector (amigos escritores, ojo con esto), aunque por suerte en esta ocasión no sucede.

En definitiva, una novela que recomiendo a los lectores de género negro y también a los que leáis de diferentes tipos sin llegar a ser fanáticos del género. Creo que la disfrutaréis, y su corta extensión hace que sea cómoda de llevar encima.

Gracias a Ediciones Irreverentes por darme la oportunidad de leer este pequeño gran libro.

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