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Habíamos dejado la cosa bastante bien; tenemos nuestra historia preparada y vamos a comenzar a escribirla. Aunque tenemos aún un pequeño problema por delante… ¿Por dónde empezamos?

La respuesta más sencilla sería “por el principio”. Y, como lo más sencillo suele funcionar bien la mayoría de veces, eso vamos a hacer. Sí, podríamos iniciar la novela al estilo “J. J. Abrams”, narrando una escena que se desarrolla hacia el final y luego retroceder hasta alcanzar ese punto. O contar la historia del protagonista desde su más tierna infancia hasta la actualidad. Incluso podemos comenzar la narración en plena acción, e ir siempre hacia adelante. Todo eso está muy bien, pero solamente si hay un motivo para hacerlo. ¿Lo tenemos? ¿No? Pues vayamos a la primera opción.

Dependiendo de diversos factores, nuestra novela deberá contener una cantidad mayor o menor de información al inicio, para que el lector se ubique. Por ejemplo, hay que tener en cuenta la localización y la época (en este caso, la Inglaterra de finales del siglo XIX); también, nos guste o no, los lectores a quienes va enfocada la novela. ¿Será necesario dar mucha información, o ya tendrán conocimiento del entorno? Si creemos que el caso es este último, no tendremos más que indicar de una forma más o menos sutil dónde y cuándo está situada la historia. Luego, nos centraremos en el protagonista.

Dicen que menos es más, pero en este momento de la creación resultará más útil que nos sobren cosas a que nos falten. Ya llegará luego la revisión. Si no tenemos claro por dónde empezar a escribir, lo mejor es ver qué hábitos tiene nuestro protagonista. ¿Suele ir a un club social? ¿Almuerza en algún restaurante todos los días? ¿Duerme? Vale, esta última pregunta es un poco rara, pero a donde quiero llegar es a que si duerme, se levantará por las mañanas, y ese es un buen momento para ir describiéndolo, si no tenemos claras aún sus peculiaridades. Como digo, ya habrá tiempo de borrar lo que sobre.

Para concretar más lo que llevamos visto, vamos a suponer que tenemos lo siguiente: En el Londres de 1888, mientras los crímenes de Jack el Destripador llenan las portadas de los periódicos, un investigador privado de nombre Henry Steward es contratado para resolver un crimen que la policía, agobiada con los recientes sucesos, está ignorando. Hemos decidido escribir la novela en pasado, y usar la tercera persona. En concreto, un observador omnisciente en tercera persona (esto nos permitirá contar no sólo lo que se ve, sino lo que Henry piensa o siente, aunque nos impedirá ocultar información sobre él al lector). La narración comenzará a primera hora de la mañana del día en que le contratan, pudiendo así situar al lector y revelar algunos datos sobre el protagonista.

Esto va tomando forma, ¿eh? En la siguiente entrega hablaremos de la importancia de los capítulos y de las secciones.

Ya sabéis, si comentáis y/o compartís os estaré eternamente (bueno, igual tanto no) agradecido.

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