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Antes de comenzar a hablar de Stranger Things, decir que si sois de la generación que disfrutó con ET, con las adaptaciones cinematográficas de King de los 80 y habéis jugado a Dungeons & Dragons, no hace falta que sigáis leyendo: esta serie os va a gustar, os lo aseguro.

He de admitir que las series que he ido viendo producidas por Netflix (Sense8, Daredevil, Jessica Jones, etc.) me han parecido muy bien hechas, y a pesar de que el tráiler de Stranger Things no me llamó mucho la atención, tenía pendiente ponerme a verla en cuanto terminara la última serie con la que había comenzado. Fue entonces cuando empecé a leer un sinfín de comentarios positivos por las redes acerca de esta serie y, más por curiosidad que por otra cosa, decidí empezar con ella tras acabar de ver la primera temporada de SOA.

Cuando un chaval desaparece en un pequeño pueblo norteamericano, solo sus amigos del colegio y su madre se sienten verdaderamente preocupados. A fin de cuentas, en el lugar no ha habido ningún acontecimiento dramático en muchos años, y la propia policía lo toma como una huida inocente. Sin embargo, la aparición de una misteriosa niña en el pueblo hará que los acontecimientos se vuelvan mucho más peligrosos, a medida que todos se acercan a la verdad y descubren que un cercano centro de investigación oculta más de un oscuro secreto.

No solo la historia se desarrolla en los años ochenta, sino que el propio estilo de la serie es muy “ochentero”, empezando por la misma presentación. Esto no hace que desmerezca en absoluto, pues tanto la ambientación como los efectos especiales están lo bastante logrados como para que todo parezca creíble, dentro de las Cosas Extrañas que suceden cada vez más según avanza la trama.

Quizá la parte que, siendo necesaria, peor está resuelta es el continuo uso de analepsis (o flashbacks, si lo preferís). No siempre, pero en ocasiones me parece que rompen mucho el ritmo de la narración. Recuerdos de momentos que a veces son esenciales para entender toda la historia, sobre todo en el caso de la extraña niña aparecida, si bien suelen ser más largos de lo necesario.

Por lo demás, como digo, recursos que hemos podido ver en centenares de series y películas de los años ochenta (niños socialmente inadaptados, madres exageradas, policías incrédulos, bicicletas…), usados con bastante buen criterio para conseguir que cada uno de los ocho capítulos que componen la serie enganche del principio al final. Si tenéis la oportunidad, no os la perdáis; seguro que pasaréis un buen rato.

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