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Aunque normalmente empiezo hablando del autor, en esta ocasión voy a dejar esa parte para el final, porque hay más “tela que cortar” que en otras ocasiones, y me meteré de lleno a dar mi impresión sobre esta novela corta, que fue prohibida en su momento por el contenido violento y sexual de su trama, y tanto el autor como el editor tuvieron que hacerse cargo de una fuerte multa.

He de admitir que los comentarios que encontré en Amazon no eran de lo más alentadores, que digamos, pero aun así me decidí a comprarla aconsejado por un amigo. La historia, narrada en primera persona (excepto los tres últimos capítulos) narra la vida de Lee, un hombre con un objetivo que se va aclarando conforme avanza la trama. De la misma forma, mientras pasamos las páginas de la novela, nuestra percepción sobre el protagonista va cambiando (bastante).

Es un libro que critica el racismo y el clasismo, y que también nos muestra la decadencia moral que conlleva una falta de valores y de creencias. En cierto sentido, esta novela es más moralista que trasgresora, aunque la narración en primera persona hace que nos sintamos demasiado introducidos en ese mundo rural norteamericano donde se producen los hechos y que, incluso a nuestro pesar, comprendamos las motivaciones que llevan a Lee, siendo un negro de piel blanca, a emprender una venganza contra el orden establecido.

Esta novela es más moralista que trasgresora

Escenas para escandalizar hay varias, sobre todo teniendo en cuenta que esta novela se publicó en la década de los cuarenta, si bien hay más datos implícitos que explícitos, en general. En los últimos capítulos, a pesar de ello, hay algunas muestras de violencia que dejarían a Tarantino como un aprendiz. Los encuentros sexuales del protagonista, narrados por él mismo, son probablemente lo que más escandalizaría a la sociedad de la época (y tal vez a esta), al igual que una cierta misoginia por parte del mismo. De haber sido contada la historia por un narrador en tercera persona neutral, estas cosas no habrían llamado tanto la atención. Aunque, reconozcámoslo, mola explorar la mente de otra persona; y cuanto más transgresora, mejor.

Finalizo mi comentario sobre Escupiré sobre vuestra tumba diciendo que no me parece una novela que haga apología de la violencia o del machismo, como he podido leer por ahí, sino al contrario: critica tan duramente estos comportamientos como el racismo y el clasismo.

Paso por fin a hablar sobre el autor. Si os cuento que Vernon Sullivan fue un escritor negro estadounidense que, incapaz de ver publicada su obra en los Estados Unidos, decidió editar en Francia, tampoco parece que sea tan interesante.

Vernon Sullivan escribió un total de cuatro novelas, siendo Escupiré sobre vuestra tumba la primera

Si digo que Boris Vian, ingeniero, músico, escritor y traductor, fue el encargado de pasar al francés esta obra, tampoco sería especialmente llamativo.

Pero la cuestión es que Vernon Sullivan era, en realidad, un heterónimo que Boris Vian usó para escribir novela negra. Más allá de un seudónimo, un heterónimo implica la creación de un personaje con su propia vida e historia. Citando la Wikipedia, “…es un individuo literario autónomo, con personalidad, carácter, biografía y emotividad diferentes a su creador“.

A pesar de fallecer a los 39 años, Boris Vian dejó un legado literario bastante amplio, tanto en novelas como en cuentos, poemas, artículos de prensa, obras de teatro e incluso canciones. Usó decenas de heterónimos a lo largo de su vida. Como Vernon Sullivan escribió un total de cuatro novelas, siendo Escupiré sobre vuestra tumba la primera (y la que le llevó a ser condenado a pagar la nada despreciable cifra de 100.000 francos por «ultraje a las buenas costumbres»).

En mi opinión, esta polémica novela puede hacer las delicias de los amantes más puristas de novela negra. Lectura rápida, las descripciones justas y precisas para introducirse en la historia, y una cierta dosis de sadismo; estas son las cosas que encontraréis en estas páginas.

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